Freak1 : (le dice a Freak2) no puedo creer que no hayas pasado (ponga aquí un nombre de videojuego clásico y extremo), ¿cómo te atreves a opinar?
Freak2 : cállate tú no has pasado (otro videojuego no tan clásico pero más extremo)
(entonces llegué yo de metiche)
Yo: yo no he pasado ningún video juego
Freak1 y Freak2: (me dicen a coro) entonces no tuviste infancia
Yo: mas bien yo sí tuve infancia
Dicen que los videojuegos ayudan a desarrollar la imaginación y yo lo creo; mis amigos, que la mayoría son gamers, tienen más imaginación que el promedio. Entonces esa premisa me parece creible. Y me la llevo bien con ellos entiendo sus alucines, su humor y ellos entienden el mío, solo hay una hueco: yo no fui gamer.
Cuando tenia 9 años, ya desde entonces veía muy poco la tele, spiderman y los super campeones diariamente, y casi siempre dragon ball. Pero mi mayor motivación era el futbol, jugarlo. Le iba a los poderosos pumas en tiempos de Jorge Campos, me gustaban aquellos partidos épicos en el mediodía de domingo, cuando iban perdiendo y Campos dejaba la portería para ponerse de delantero y salvaba el partido o le daba la vuelta. Recuerdo que me gustaba también ir a ver al atlas en compañía del abuelo, ese atlas que daba partidazos y show (muy lejano del de ahora, por cierto); de Mascareño con sus saques-marometa, de nunca ser deroortados por las chivas, de la furia rojinegra…
Yo frecuentemente visitaba la casa de enfrente donde vivía Arturo, un cuate que me llevaba 4 años, una vez en su cuarto encontramos algo empolvado: el super nintendo, entonces puso un juego que se llamaba street-fighter y a pelear (yo me di cuenta que peleaban unos personajes que yo tenía de juguetes… blanca y riu, por fin sabía de dónde venían ellos), después de un rato nos aburrimos y creo que no volvimos a jugar jamás eso, preferíamos inventar juegos con reglas complejas con canicas, pelotas, monos, etc, en los que uno actuara y no una máquina en vez.
Pero un día llegó él a mi casa; ahora tenía el nintendo64, y hacía énfasis en la palabra como si hablara con alguien que supiera de esas cosas (para mi era chino), que era tridimensional…. Pues vamos a verlo.
¿WTF? ¿tridimensional?, qué decepción si los monos estaban dentro de la pantalla y seguían ahí, planos; eso no era tercera dimensión, pero hazlos entender, a parte tenía un solo juego de un cuate vestido de rojo con una gorrita y que, según yo, no tenía objeto para estar encerrado en un mundo tan artificial; que coleccionaba monedas y ya, no le veía gracia. Y creo que Arturo tampoco nadamás por ser novedad, hasta que llego el FIFA.
Pues me cago en el FIFA, Arturo en lugar de jugar realmente prefería jugar a esa madre, yo con un balón de cincuenta pesos metía goles, él con un equipo electrónico de 4,000 pesos ganaba copas del mundo. Y pues me orilló a querer jugar eso y la verdad que nunca fui bueno era tan irreal, no podías hacer cosas que en la vida sí; era como estar aprisionado, pero poco a poco me nublé y deseaba ya una consola de esas para mí.
Una consola que mis padres, ya sea por convicción o limitación económica nunca me la compraron; quizá me entristeció, pero ahora lo agredezco en demasía: tuve que elaborar una alternativa que surgió magicamente…
Compré cartón, recortando y pegando armé una consola falsa que “conectaba” con un estambre al televisor y también unos controles (también tenían un estambre pero pronto se convirtieron en inalámbricos antes de que tecnológicamente fuese posible) en ellos dibujaba los botones, aquí sí había un botón para hacer la bicicleta o pasarla de taconcito, hacer una chilena, aquí el arbitro se equivocaba, te robaba y a veces te regalaba un penalty… Aquí los partidos que jugaba ¡eran discutidos por “expertos”!, ¡salían en el periódico del día siguiente!
Pero mi nintendo propio, también servía cuando, por ejemplo, había partidos de basquetbol, bastaba con dibujar un nuevo cartucho y colocarlo, sintonizar la tv y jugar, las olimpiadas y el mundial…¡El mundial!, podía hasta jugar películas…. ya sé: ahora se explican el origen de mi locura.